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Sobre mí

Solo necesitas una buena dosis de pasión, ilusión y perseverancia

Creo que todos podemos dedicar nuestra vida a ayudar a otras personas a solucionar problemas o a mejorar sus vidas.

Que merecemos sacar lo mejor de nosotros mismos, convertirnos en expertos en una temática que amemos y dar una patada a la rutina.

Esta es la base del emprendimiento.

Si quieres cambiar de rumbo y conocer los pasos a seguir para dejar un trabajo gris en el que no te sientes realizado para vivir de lo que te apasiona, estoy aquí para ayudarte.

Porque he pasado por este proceso y he cometido muchos errores que tú puedes evitar.

¿Sientes que estás perdiendo los mejores años de tu vida en un trabajo fijo que no te llena?

Voy a contarte algo importante…

En la vida hay que perseguir los sueños para que se cumplan.

Y si te acompañan en el camino, los objetivos son más fáciles de alcanzar.

El coaching es el mejor método que conozco para:

  • Superar frustraciones con el trabajo
  • Enseñar una buena comunicación con la familia
  • Marcar objetivos alcanzables
  • Generar autoconfianza
  • Sacar el mayor rendimiento personal de cada uno

¿Estás estancado porque crees que necesitas sacarte un título para poder dedicare a lo que realmente te gusta y te hace feliz?

Puede que seas consciente que quieres un gran cambio en tu vida, pero no sabes por dónde empezar.

Piensas que no vas a tener tiempo para estudiar y sacarte el título que tanto deseas. Y que vas a tener que invertir una gran suma de dinero para formarte y poder dedicarte a lo que realmente te gusta.

Actualmente, la formación online ofrece posibilidades inmensas.

Si tu sueño es formarte en alguna especilidad, hay cientos de formadores esperándote. Como ya sabrás, el maestro aparece cuando el alumno está preparado.

Existen infinidad de coaches que te guiarán para que descubras cuál es tu misión de vida. Mentores que te explicarán como ellos han vivido de internet sin necesidad de títulos.

Aprenderás todo lo que tú quieras aprender y por la mitad o menos de dinero de lo que yo me he gastado (desde que empecé la prueba de acceso a la Universidad ya sumo unos 8000 €).

Te animo a que encuentres tu camino y te conviertas en un experto de tu temática.

Si tienes un sueño, ¡que no te pare un título!

Descubre cómo puedo ayudarte

Soy David Muela, coach personal

 

Ayudo a personas que están frustradas en su trabajo fijo o indefinido a que den el salto para vivir de lo que realmente les apasiona.

Si yo lo he conseguido, tú también puedes. No tengo ninguna duda.

Deja de confiar en las etiquetas sociales y en la “titulitis” para alcanzar tu camino

Si te encuentras en esta situación, mi objetivo es que sigas estos pasos que yo mismo he seguido:

  • Tomar conciencia de que no estás en el lugar que deseas
  • Apostar por el coaching y el desarrollo personal para conseguir tus metas y tus sueños
  • Avanzar paso a paso, en la dirección adecuada
  • Trabajar en lo que verdaderamente te apasiona y ser más feliz

Durante años he seguido este proceso para mejorar mi vida. A mi me ha funcionado, y por eso puedo ayudar a los que quieren abrirse a un cambio positivo en su vida.

Quiero que superes tus miedos para vivir la vida que deseas.

¿Estás listo para ser un experto aunque no tengas título oficial?

Sí, dime cómo puedo conseguirlo

Esta es mi historia de superación personal

Los psicólogos del colegio le recomendaron a mis padres que me apuntaran a una especialidad de lo que antes se llamaba “formación profesional” y acabé estudiando lo mismo que mi hermano mayor: electrónica.

Pasaron los años y empecé a conocer el mundo laboral en el que el único requisito que te pedían era ser “joven con actitud, progresión laboral y con buena presencia”. Vamos que en definitiva era para vender linternas e imitación de cuchillos por las fábricas de los polígonos.

Desde ese momento sentí que no sabía lo que quería en la vida, pero una cosa tenía clara: ese trabajo no era para mi.

Desde entonces pasé por decenas de trabajos: picapedrero, repartidor de pizzas, acomodador en las plazas de toros (de este trabajo es del que más me arrepiento), ayudante de cocina, descargando camiones, otra vez repartidor de pizzas… Hasta que me tocó ir al servicio militar.

Para muchos era bastante desagradable (y yo no digo que fuera lo mejor), sin embargo, me enseñó qué es la disciplina. Además conseguí mi primer hito en la vida: aprobar una oposición.

Entré en la banda de tambores y cornetas del Ejército del Aire. Ahí me di cuenta de que me gustaría formarme dentro de mi vida laboral por lo que estudié hasta 5º de solfeo y 4º de saxofón.

Como culo inquieto que soy seguía sintiendo que no estaba mal en el trabajo, pero eso de que a los 37 como máximo podría estar en la calle aunque ascendiera a cabo primero me hizo reflexionar.

La única opción que había era no renovar porque si no, sí o sí tenías que tirarte otro año y medio, así que cogí mi petate rumbo a lo desconocido y me puse a trabajar de taxista (sacándome la licencia pertinente, por supuesto).

¿Sabes cuánto duré? Un mes.

El trabajo me gustaba, pero no me sentía a gusto del todo. Quería trabajar en algo que me llenara más…

A los dos días estaba trabajando de conductor de ambulancias. Yo que hace poco estaba con mi mopa limpiando la carrocería y los cristales del taxi cuando me quise dar cuenta estaba llevando la camilla transportando a los pacientes al hospital.

Fueron dos años muy dulces en cuanto a crecimiento personal, no así en cuanto a crecimiento del dinero en mi bolsillo.

Como ya era un clásico en mi vida empecé a formarme como técnico en emergencias básico y avanzado (para ello necesité chorrocientas horas de voluntario en Protección Civil).

No sé si culpa de algún que otro paciente colgado en la chepa y que me dejaba después algo dolorido o fue el librar 5 días al mes con jornadas de 12 cada día lo que hizo plantearme otras alternativas.

Empecé mi aprendizaje de informática dentro del ámbito de redes (los que te configuran la instalación de ordenadores en red dentro de un mismo dominio con sus respectivos usuarios y demás). Terminé el curso y empecé a trabajar en la TGS (o sea en una empresa subcontratado para ayudar a las empresas a conectar todo lo que tenía que ver con nóminas).

Conocí medio España y para mí fue una experiencia inolvidable ya que sentí a nivel personal lo que era convivir con mi pareja casi como si viviéramos juntos ya.

Seguí formándome y me saqué unas certificaciones MSCA (Microsoft System Certificate Administrator) con lo que fui dando tumbos de una empresa a otra debido a que te pedían titulación de administrador, hacías el trabajo de un ingeniero, pero te pagaban como un operador.

Sería cuando me presentaría a mi segunda oposición y entré a formar parte de la plantilla de Metro de Madrid como taquillero.

Gracias a tener un trabajo estable y un turno estable pude presentarme un par de veces a la prueba de acceso de mayores de 25 años de la universidad (en la primera me hice un esguince que me tiré casi 2 meses y medio con él por lo que tuve que tirar la toalla).

Por fin pude hacer el sueño de mi vida que era entrar en la universidad.

Como siempre no sabía qué es lo que quería, pero siempre quería saber el porqué de las cosas (ahora con el coaching me he dado cuenta que el porqué no interesa mucho sino el para qué es lo importante), por lo que entré a formar parte de la facultad de filosofía.

Tras pasar casi dos años enteros, vi el paradigma de las hojas amarillas de los profesores (es decir, no tenían en su bagaje 27 años dando clase sino 1 año 27 veces seguidas) y que podían suspenderte un año entero por equivocarte un concepto que para el profesor era importante.

Me di cuenta de que no era lo mío.

Siempre he pensado que este país valoraba a las personas que trabajaban y estudiaban a la vez por el sacrificio que ello conlleva.

Nada más lejos de la realidad, algunos profesores te dan a entender que hay un tiempo para estudiar y otro para trabajar y si no son compatibles para ti ese no es su problema.

Por fin encaucé mis pasos a lo que sentí que era mi pasión.

Me cambié a psicología primero como licenciatura y, visto que no paraban de darme el coñazo cada año, me cambié a grado para poderla estudiar a mi ritmo.

Con el tiempo me saqué el primer año de experto en psicología deportiva (ahí sí que estaba supermotivado). La gracia era 1800 € sin contar los libros que te exigían que eran otros 75€ en el que la actividad consistía en ver unos vídeos que todos los años trataban de las mismas temáticas, y leerte esos libros que me obligaron a leer porque se hacían las tareas sobre ellos.

¿Os lo imagináis? 1800€ para aprender principalmente el contenido de los libros que podías haber estudiado por tu cuenta si no fuera un país de titulitis.

Como no podía ser de otra forma me formé en coaching personal y deportivo de la misma forma que he expuesto en el anterior párrafo todo por pasar por el filtro de tener el título. 

Sí, lo reconozco, he sufrido el síndrome de la “titulitis”

Como te he contado antes, la búsqueda de titulaciones para creerme capacitado a la hora de trabajar en un determinado lugar ha sido una constante en mi vida.

Sin embargo, con el tiempo he aprendido que solo necesitas una buena dosis de pasión, ilusión y perseverancia para lograr todo lo que te propongas. Sí, también el trabajo de tus sueños.

Y lo de “trabajo” es un decir, porque no me gusta la connotación de “esfuerzo duro no deseado” que a veces se le atribuye a esta palabra.

Perseverancia, constancia, superación, actitud y toneladas de ilusión son las claves para hacer realidad todos tus sueños.

Mi misión es que tú evites el síndrome de la “titulitis” a toda costa y empiezes a transformar tu vida desde hoy mismo.

¿Estás listo?

Descubre cómo puedo ayudarte